Alberto Cruz. Image © Leonardo Maldonado [Flickr], bajo licencia CC BY-NC 2.0 Alberto Cruz. Image © Leonardo Maldonado [Flickr], bajo licencia CC BY-NC 2.0

Publicado originalmente como 'Luz, Forma, Acto y Símbolo. Entrevista a Alberto Cruz Covarrubias' en la Revista AUSRubén Muñoz, Doctor Arquitecto y Docente investigador del Departamento de Diseño y Teoría de la Arquitectura de la Universidad del Bío-Bío (Concepción, Chile) dialoga con Alberto Cruz, arquitecto chileno fallecido en 2013, quien encabezó —junto a un grupo de arquitectos y artistas— la refundación de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso (1952), desarrollando un planteamiento original que se destacó por la concepción poética de Amereida, la experimental Ciudad Abierta de Ritoque y las Travesías por América.

Esta entrevista se refiere a una serie de proyectos desarrollados entre 1952 y 1964 por el “Instituto de Arquitectura” de dicha Escuela, los que, no sólo destacan por inaugurar un laboratorio de investigación arquitectónica de uno de los grupos más singulares de la arquitectura chilena contemporánea, sino de forma especial por sus lógicas proyectuales, desarrollando una genuina aproximación sobre la concepción arquitectónica de la luz, los actos litúrgicos y la forma.

Rubén Muñoz Rodríguez (RMR): Entre 1952 y 1965 el Instituto de Arquitectura desarrolla una serie de proyectos de iglesias muy interesantes. Uno de los temas que estudiaron con especial atención fue la relación entre la luz y el acto litúrgico, ¿cómo fue su concepción?

Alberto Cruz (AC): La capilla de Los Pajaritos la concebimos desde la forma arquitectónica. La luz se podía concebir centrada sobre sí misma, no requería de otras realidades, ese es el planteamiento. Después en Santa Clara, y en las otras iglesias parroquiales, pensábamos en la iglesia como un lugar que se ordenaba por la liturgia, la luz era una realidad que no se forma por sí misma, sino  en relación con todas las demás realidades arquitectónicas.

Mirado desde este punto, en la Iglesia de los Benedictinos, la luz está también calculada con la liturgia, es distinta a la de Pajaritos, hay una concepción diferente.

En la capilla de los Pajaritos (1952-53), estábamos en las vanguardias arquitectónicas que habían llegado a Chile alrededor de 1930-35. Las vanguardias arquitectónicas tal vez pensaban la arquitectura con sus dimensiones como luz y otras tantas realidades como elaborables en sí mismas. La Bauhaus tenía un curso de preparación que era con los materiales, los materiales hablaban por sí mismos, no necesitaban de otra cosa, seguramente para los holandeses –de Stijl–, el plano era el elemento con el que se hacía la forma. Albers impartió un curso en la UC de Santiago…, con un elemento o una forma, o “un algo”, se tiene capacidad “para”.

El estudio que usted está desarrollando sobre la luz,  podría situarse dentro de esta manera de pensar, con una propiedad se lograba la forma, es una forma de concebir la arquitectura, después la arquitectura cambió. La capilla de Pajaritos fue con eso,  desde la luz, lo que hace Miguel Eyquem, la propuesta  cúbica de Santa Clara ya estaba pensada en este planteamiento, con una propiedad, con una virtud, se asume la arquitectura, es un pensamiento de las vanguardias.

En Valparaíso varios se están doctorando en Barcelona, les preocupa mucho la dimensión histórica, sobre todo con “lo americano”. Desde el año 50 venían unos europeos mostrando América como naturaleza y no como historia, en Barcelona sienten que su tarea es reconstituir América históricamente, yo le estoy hablando en ese sentido, en un sentido histórico del asunto…, sucede que una sola cosa podía representar, como una evolución y crisis de la representación.

RMR: En ese momento, desde las vanguardias, ¿qué arquitectos consideraban relevantes?

AC: En ese tiempo no había la facilidad de documentarse que tenemos hoy…, Le Corbusier, Mies, Wright, Gropius, Alvar Aalto, eran  creadores  de un nuevo modo de concebir arquitectura y mundo, no eran profesionales, eran fundadores.

RMR: El discurso de Pajaritos, junto a un vaciamiento que resaltaría el rito y los signos litúrgicos, plantea la luz de la ausencia. La luz es difícil de atrapar, es inasible, ¿cómo relacionar un cierto tipo de luz con una apertura hacia  lo sagrado, hacia lo litúrgico?

AC: El cubo es un extremo de forma, todo es idéntico, largo, ancho, alto... La idea era que no hubiera “lo distinto”, la terraza es igual al cubo, la Virgen es un cubo chico, nada sobresale, todo queda en la elementalidad. En la capilla de Pajaritos, el paso de la luz lo entrega el elemento cubo, casi “luz-cubo”. Era una luz del “no”. La luz -que era “luz de ausencia”, “una forma de un no”-, se realizaba en una forma tan elemental que podía acoger un “sí”.

En Santa Clara, con Miguel Eyquem, sigue siendo el cubo, las paredes son luminosas, pero siempre es un “no”, había un presentimiento de eso, un acto de pureza que correspondía a la arquitectura de ese tiempo. Le Corbusier era purificador de la arquitectura. Un “no” que no es negativo, sino que es el nacimiento de un nuevo “sí”, la obra es la manifestación escueta de la situación creativa interna.

Luz y acto

RMR: Hay un proyecto de Jaime Bellalta para el monasterio, una capilla -no construida- con unos planos de luz indirecta. Miguel Eyquem me planteaba que esta propuesta está entre Pajaritos y Santa Clara.

AC: Si se mantiene el cubo con el sentido dicho anteriormente, ¿que paso habría hacia delante?  Es ese, la luz entra por todas partes, no entra por un tajo, todo se vuelve luz. El otro camino es lo de Martín Correa en los benedictinos, que la luz en un momento dado reflejara con una significación litúrgica,  el rayo de luz en el coro, en el presbiterio.

RMR: ¿Qué aspectos distanciarían a Pajaritos de la iglesia construida por Correa y Guarda en el monasterio benedictino?

AC: Los benedictinos es una intersección, geométricamente es mucho más compleja. Pajaritos es elemental, un simple cubo…, el barroco fue el canto a la intersección, está en el esplendor de la creatividad, de lo elemental vital al esplendor de la creatividad.

RMR: Ustedes hicieron unos estudios para la iglesia en la propuesta de monasterio que desarrollaron en 1960. Plantean valorar el canto gregoriano “desde lo acústico” y la “luz de la oración”. Proponían ciertas aberturas de luz, direccionándolas en algunos puntos específicos del altar en ciertas épocas del año. Encontré en el archivo unos estudios solares insinuándose unas perforaciones por el cielo, aparecen las intersecciones de varios cubos, ¿cómo se pensó la luz?

Son los pasos que se desprenden de ese primer planteamiento, una elaboración. Eran luces, no eran la luz, de la luz a las luces. En el primer caso, en la luz del cubo, la manera de hacerlo era la luz vertical de arriba hacia abajo, o la luz de este otro, por todas las paredes, pero en este, se iba a ir viendo en la medida que se fueran estudiando las diferentes formas. No era la luz primera, independiente,  era una luz con las formas, estaba en estudio, las formas mismas estaban en proceso.

RMR: Hay una diferencia importante con la luz homogénea de Pajaritos, con su “penumbra luminosa”. Respondiendo a la vida de los monjes, la luz está en relación con la variación de las horas litúrgicas, con el paso de las estaciones. En las iglesias parroquiales del sur la luz es diferente, en Arauco, Lebu, Curanilahue, Florida, o en la iglesia de La Candelaria, se construye una corona de luz que separa el cielo de los muros.

AC: Nos encontramos con los monjes, como en las iglesias parroquiales nos encontramos con los fieles. Queríamos poner la luz como un horizonte, siempre en lo elemental.

Después del terremoto estudiamos la liturgia, ese momento es anterior al Concilio. En Santa Clara la sacristía y el baptisterio estaban al comienzo. Pensábamos en lo procesional, la luz y lo procesional, nuestro esfuerzo consistió en acoger varios puntos sin la fuerza de un punto que recogía y comandaba todo.

RMR: ¿Se podría decir que estos proyectos nacen desde una concepción de la luz como principio arquitectónico?

AC: Sí. La arquitectura como se hace con los llenos y los vacíos, al jugar con ellos la luz va a quedar comprometida, pero es una luz resultante. Lo que nosotros queríamos era hacer un desarrollo desde la luz.

Las iglesias del sur son en base a estructuras metálicas prefabricadas, había que adecuarlas, pero como pensamiento la luz ya no está en el sentido planteado anteriormente, asume un rol equivalente a otras propiedades arquitectónicas. En cierto modo a la arquitectura le ha pasado eso en la actualidad. Mies podía hacer un solo gran recinto para una universidad y cerrarlo solo con planos. El asunto de la luz es bastante significativo en cuanto a la evolución de la arquitectura actual, toma la manera de pensar...

La luz en ciertos momentos, como en la luz rasante de los ocasos, se va consumiendo rápidamente, va “no siendo”. Es parecido a la capilla de Los Pajaritos, ilumina las cosas de tal manera que casi todos reciben una última luz de igual forma, los árboles, las casas, el interior y el exterior son similares, no se sabe si estamos dentro de un gran interior o de un gran exterior. Así observada la luz, hay una razón para pensar que ella fuera la que asumiera y no el sonido, o el tacto, u otra cosa. Estas reflexiones, que en apariencia son tan simples…, uno se demora años en que aparezcan.

Luz y símbolo

RMR: Me interesa la capacidad evocadora de la arquitectura, no como una alegoría, sino como un hecho sensorial. Tradicionalmente, la mediación con lo sagrado se realiza mediante el rito y el símbolo. En los “estudios litúrgicos” que desarrollaron en el Instituto encontré un texto suyo: “La construcción de una iglesia está llena de simbolismo que debe quedar expuesto (…). Hay que pensar en lo que es un símbolo (…), cómo se manifiestan en el mundo actual”.

AC: El simbolismo no lo podíamos…, no es la luz contra las tinieblas, como la teología de S. Juan. A nosotros nos interesó la meticulosidad de las disposiciones para que fuera litúrgico, fue precisamente por los estudios de la liturgia… Nos encontramos con una cosa muy importante, la disposición de los fieles alrededor del altar. Alrededor que significaba un modo visual influenciado por el teatro, por el cinematógrafo, para que todos estén en la misma proximidad visual, eso en esta época no se ha logrado, un “alrededor litúrgico”.

En las iglesias nunca se alcanza el asunto, en realidad son unos fracasos, por decirlo de alguna manera, hay otras obras, las civiles, laicas, en ellas sí. En ese sentido es muy curioso, ¿cual es una iglesia que en sí no ha sido un fracaso?, la de los benedictinos, ¿porque no ha sido un fracaso?, porque quien la hizo, un monje benedictino, tiene entregadas todas las cosas. Martín Correa se recibió y entró en el convento, no tenía ninguna práctica, ninguna experiencia, yo tomo nada más la realización constructiva, ¿cómo se le ocurre los estucos que hizo?, el tamaño… Los seres en el mundo no viven en esa entrega, tienen más cosas. Tiene una dedicación interior que casi obra un milagro, es una cosa espiritual, probablemente estas cosas no se pueden decir,  pero es algo en lo que hay que reparar…

Veía una publicación reciente de iglesias, con bastantes recursos, están muy bien, pero no alcanzan un grado de “canto religioso”, quedan como una buena composición arquitectónica, pero no “lo otro”. Hay una situación de carencia creativa, esto está planteado en la capilla de Pajaritos. En el tema de la luz, está el recoger esta situación…, no es un asunto como todas las demás obras, por eso lo que tu tomas lo encuentro un tema significativo.

RMR: Estas obras, desde su abstracción, parecen eludir la representación, las cosas “son lo que son”, un plano es un plano, la luz es la luz, interesa la experiencia sensorial del espacio… Pienso que algo de esto puede estar en una arquitectura no religiosa, de alguna manera esta interioridad es parte de la necesidad de habitar, a veces se pierde con una excesiva transparencia, todo volcado hacia el exterior, en lugar de constituir una intimidad.

AC: Tú reparas en que todas las obras pueden tener eso, una experiencia en arquitectura que acoja “lo absoluto”. Sin embargo, en los edificios laicos se comprende que el hombre tiene que acomodarse a “lo relativo”, no está urgido por una presencia de “lo absoluto”, pero tu dices hay que llevar esta dimensión de “lo absoluto”,  y eso proviene de una forma que acoja “lo absoluto”, o “lo definitivo”, o “lo perfecto”, o de la imposibilidad de eso, como te decía antes, unos “no” que dan origen a un “sí”, pero hay que tener presente esa experiencia no por sí misma, aparece a aquel que tiene la experiencia de recoger “lo absoluto”.

RMR: Encontré un texto de Juan Borchers: “Veo en Alberto Cruz la base estética del impresionismo: negación del objeto, de la materia como realidad y su fuente la luz se halla fuera de la percepción de los sentidos, tendiendo conscientemente o no a las proximidades del plano metafísico (…) Los contornos de los objetos se disuelven, las formas ensayan traducir el simbolismo, la lógica y la estructuración hacen crisis (…); lo vago, lo indeterminado, lo inmaterial entendidos como hechos voluntarios y positivos (…), aceptan la destrucción del formalismo externo buscando una forma interna (…), investigan la substancia poética y la poesía destruye la forma fácil".

AC: Borchers tiene una formación filosófica, yo no la tengo, no puedo pronunciarme sobre lo metafísico o no metafísico. Volviendo a lo anterior, el punto de partida de Pajaritos es una misa recordatoria.  Para  armar el momento de la misa se cambió la luz, se parte de un hecho sensible, había una voluntad de acoger un momento absoluto, hecho libremente e instintivamente por cualquier persona. Se parte de eso, todas las cosas que hacemos nosotros parten de la experiencia sensible del asunto, parten de hechos, desde lo cual hay una manera de hacer arquitectura y arte.

Lógicas proyectuales

Estos casos evidencian una concepción del proyecto que destaca no sólo por su metodología, fundada en la comprensión fenomenológica de la vida cotidiana -poniendo en valor la experiencia desde la observación de hechos sensibles-, sino especialmente por su premisa de partida, al pensar la arquitectura centrándose en una de sus propiedades más sutiles, la luz, permitiendo una conciliación entre la estética simbólica, la formalista y la fenomenológica.

Junto a la reflexión estética sobre la presencia y la ausencia de la forma, distanciándose de una abstracción -que por generalista se torne imprecisa y vaga-, se propone una comprensión de la luz desde la especificidad de los actos litúrgicos, recogiendo sus requerimientos más genuinos: desde la penumbra intimista de un pequeño oratorio que rememora la ausencia de un familiar en el Fundo de Los Pajaritos; a partir de los aspectos litúrgicos propios de una iglesia parroquial, iluminando el rito celebrado en torno al altar desde los límites de un espacio que se torna luz -bajo la advocación de Santa Clara-, o dibujando la línea del horizonte de la reunión de la asamblea en las “iglesias del sur”; para culminar encarnando el sentido religioso de la temporalidad de la ascética monacal benedictina en el cerro Los Piques de Las Condes.

Capilla del Monasterio Benedictino / Martín Correa Prieto + Gabriel Guarda. Image © Rubén Muñoz Rodríguez Capilla del Monasterio Benedictino / Martín Correa Prieto + Gabriel Guarda. Image © Rubén Muñoz Rodríguez

Este texto forma parte de la investigación: “Lógicas Proyectuales: Aproximaciones a la arquitectura chilena contemporánea”, DIUBB (Dirección de Investigación Universidad del Bío Bío) 150602 2/R. La entrevista, realizada por el autor a Alberto Cruz (Santiago de Chile, 6 de diciembre de 2008), está circunscrita al desarrollo de la tesis doctoral: “La iglesia del monasterio benedictino de la Santísima Trinidad de Las Condes: La luz como generatriz del espacio moderno litúrgico” (Universidad de Sevilla 2014).